Saltar al contenido

La cultura preventiva vence y convence

  • por
La cultura preventiva vence y convence

Seguridad y la salud es sinónimo de responsabilidad individual y colectiva, por tanto, un compromiso de la
sociedad para con todos los actores que puedan tener influencia sobre cualquier aspecto que de manera
transversal repercuta en el bienestar del individuo.

«Toda investigación se basa en hechos probados, y a partir de ahí se establecen nuevas vías de investigación que acoten los procesos».

A partir de aquí podemos debatir el cómo, aunque teniendo en cuenta que el cuándo, es SIEMPRE. El ser
humano viene evolucionando desde tiempos remotos, habiendo pasado por etapas prehistóricas, clásicas,
modernas … para desembocar en el siglo XXI con la digitalización de la sociedad.

Esto demuestra que somos capaces de adaptarnos y evolucionar desde la innovación, a través de la
investigación y de nuevos descubrimientos que hacen que la sociedad avance, lo que nos facilita en gran
medida la evolución del individuo y por tanto la modernización de los diferentes entornos socio-educativos laborales.

Desde el punto de vista empírico, y sin ser investigadora, si me gustaría destacar una premisa que analizada desde la trazabilidad, supone un común denominador en todos los procesos de investigación. Esta premisa es muy sencilla, toda investigación se basa en hechos probados, y a partir de ahí se establecen nuevas vías de investigación que acoten los procesos.

Pues bien, si hay un hecho probado omnipresente en todas las etapas evolutivas del ser humano, es que la
seguridad y la salud es una cuestión humanitaria que afecta sin excepción a toda la humanidad. En cambio,
no lo hemos validado como premisa fundamental en el mundo laboral. Hemos apartado la psicosociología
como base de la prevención en favor de otros aspectos, también vitales e importantes, aunque no primarios

Si una sociedad no toma conciencia de la importancia de la salud, difícilmente va a activar una seta de
emergencia para prevenir, a menos que sea en modo reactivo ante una situación evidente. Y ahí ya es tarde,
porque ya no hablamos de prevención, hablamos de curación, de solucionar algo que no siempre se puede
devolver a su estado inicial de salud.

Debido a esto, celebramos el 28 de abril como el Día Internacional de la Seguridad y la Salud, para de una
manera simbólica recordarnos todos, que los accidentes y las enfermedades profesionales son una lacra
evidente, una guerra encubierta con muchas víctimas, heridos y enfermos crónicos. Y por eso, debemos
tomar conciencia, que la seguridad y el cuidado de la salud, se mueve con las conciencias, con la
sensibilización, con la formación, con el entrenamiento de la salud mental, tan importante y evidente tras la
reciente pandemia que aún colea en nuestra sociedad.

Cuando no prevenimos, cuando no creamos cultura preventiva solidaria y sostenible, sólo podemos esperar
pérdidas: de salud, humanas, económicas, sociales, materiales, imagen, y un largo etcétera. Eso debería
llevarnos a reflexionar sobre porqué las organizaciones que han apostado por la seguridad y salud de sus
integrantes, la que les lleva a ganar siempre, jamás cambian ni se arrepienten.

Mi respuesta siempre es la misma, la cultura preventiva vence y convence.

El clima laboral es favorable, no hay accidentes y si los hay son leves, no hay enfermedades profesionales, no hay índices de absentismo relevantes, se trabaja en equipo, las personas están motivadas, tienen sentido de pertenencia, los procesos de selección son enriquecedores, no hay alta rotación de trabajadores, se llega a los objetivos y los números salen.

La figura del profesional de la seguridad y la salud debe estar inmersa en cualquier aspecto y nivel de la
sociedad, es fundamental que estos profesionales dinamicen y cohesionen niveles jerárquicos en las
organizaciones, que promuevan puntos de encuentro entre departamentos enfrentados por resultados, que
aúne y sume aliados en favor de la promoción de la salud, que, en definitiva, engrase los núcleos societarios
para que entendamos que la salud es una responsabilidad de todos para todos, y no de unos cuantos para el
resto.

«La figura del profesional de la seguridad y la salud debe estar inmersa en cualquier aspecto y nivel de la sociedad».

La responsabilidad individual aparece cuando tomamos consciencia de la importancia de la higiene mental,
de la asimilación conductual de comportamientos seguros, de la importancia de consolidar climas laborales
seguros y limpios, y es entonces y sólo entonces, cuando a través del enriquecimiento de una cultura
preventiva solidaria y sostenible, aparecen los espacios seguros.

La psicosociología es el sostén necesario y primordial para enmarcar una cultura preventiva que evoque la
responsabilidad y el protagonismo individual dentro de un conjunto organizacional dinamizado y armonizado por reglas del juego saludables. Desde los niveles de dirección han de apoyarse políticas evaluativas psicosociales que permitan conocer el estado de integración de las mismas, así como herramientas que midan el ambiente laboral en continuo, para prevenir desde origen.

De esta forma las organizaciones priorizarán la prevención y se alejarán de acciones correctoras, mejorando
la calidad del trabajo, haciendo uso de las nuevas herramientas, digitalizando los procesos, positivizando la
cuenta de resultados, la competitividad, la mejora continua, pero sobre todo promocionando el cuidado de las personas, porque si algo está probado es que las personas cambian de posición, pero en todas las etapas de la evolución humana, éstas han sido y serán el motor de las organizaciones.

Estefanía Gil Medina
Directora Fundación e-coordina